Hablando de BICs y aparte de la lengua ibicenca habría que converir en bien cultural al movimiento Hippy que tanto ha dado a la Isla. Ibiza es la síntesis de esta cultura y tal vez donde se haya desarrollado más intensamente.
Paz, amor y fraternidad, consumir lo imprescindible, buscar la autosuficiencia, sincretismo espiritual, negación de cualquier tipo de violencia y vivir al día espartanamente con plena fe en la Naturaleza donde se sienten integrados. El hippy se considera Ciudadano del Mundo.
Llegaron desnudos de ambiciones, se purificaron en Agua Blanca y se quedaron a vivir en la Isla ocupando los miles de vacíos habitables que los payeses acondicionaron para ellos por unas rentas lógicas en aquellos tiempos que alegraron su humilde situación. Al principio hubo fricciones, las normales ante un choque tan brusco de mentalidades pero el negocio de los alquileres y el atractivo que ejercieron atrayendo a los primeros turistas facilitó la integración e Ibiza empezó a crecer...
Miles de artistas pasaron por la Isla, músicos, pintores, escritores y sobre todo nació una artesanía original muy orientalizante que generaría los famosos mercados hippies cuyo modelo se repartió por todo el planeta. De su sencillez nació la Moda Ad Lib, el blanco de las enaguas pallesas se convertiría en la primera libertad de la mujer, fueron cayendo lor prejuicios y se puso de moda salir de fiesta 'en ropa interior'. El diseño fue evolucionando y reforzando el concepto de la Isla Blanca (jamás roja).
Una isla como esta donde la mujer no había sido tratada como corresponde a la igualdad indiscutible entre géneros se fue contagiando del libre estar en las parejas hippies y hoy yo puedo declarar que Ibiza es el único lugar del mundo donde la mujer es libre y autosuficiente, las ibicencas no son aquellas esclavitas del macho tradicional que se han mimetizado con la nueva cultura y se puede decir que tal vez haya más mujeres dirigiendo empresas que hombres. Ibiza ha vuelto a ser una isla femenina y ahí está su magia.
El hippy actual está perfectamente ubicado, vende en su mercadillo o hace paredes, trabaja la madera, poda palmeras y hace todo tipo de jardinería, algunos están en la hostelería, hacen música, mucha música pues en Ibiza el ritmo es imparable. Viven en el campo y la máxima concentraciós está en santa Eulalia y San Juan con distintos focos en toda la Isla.
Santa Gertrudis es el centro neurálgico y hasta geográfico donde se concentra el ambiente general, ha sido peatonalizado y en sus momentos álgidos se puede disfrutar del máximo colorido imaginable. La forma se manifiesta y los bocadillos de jamón de Can Costa salen por espuertas para los mil adictos a esta parte del cerdo tan sagrada.
He leído en alguna estadística que en Ibiza hay censadas 183 nacionalidades con sus correspondientes lenguas, la comunicación oral ha llegado a ser tan fluida que no deja de sorprenderme y deleitarme. Es un perfecto sincretismo humano y humanista.
Yo creo que el Movimiento Hippy ibicenco bien merece ser un BIC.



La noche acabó envuelta en la bruma, me quedé el tabaco con unos cogollitos muy decentes en el último garito cervecero de la ronda ¡idó, qué farem! no farem res porque la vida cobra para dártelo por añadidura… ya en casa, tranquilamente y con un buen Cola Cao con galletas el humo cantarino iba cantando los colores escondidos entre grises y el placer de la amistad se regodeaba de bien estar.
Me quedé dormido al son del hipnótico programa radiofónico que bien acurrucado en mi catre había sintonizado… enseguida amaneció y unas horas después amanecí al olor de los churros que Paco había ido a comprar para el desayuno. Un placer, café con leche al obispo y jeringas cacereñas para arrancar la mañana, además la prensa regional y nacional recordándote el sonsonete que te tienes que tragar y a cumplir como un buen ciudadano sabático.
Bajamos hasta el puente romano sobre el río Seber que pasa bajo los farallones del castillo de Marväo allá arriba en la pingorota. Un chiringuito de madera muy portugués y familiar tenía abierto casualmente y como el Sol lucía espléndido, sus patrones se habían montado un guiso de venado riquísimo, me invitaron a una presa con un buen tanque de vino tinto, ya del año y fresquito… que pracer, muto obrigado.
Después del buen vino en el chiringuito con el venado y unas tapas de un queso fresco inigualable nos metimos por la senda verde siguiendo el río abajo hasta un puente de madera que atravesamos para entrar en una casona fantástica, junto al viejo molino con su cauce lleno de agua… María conocía a la señora portuguesa y como es letrada le estaba aconsejando en unas cuestiones de su oficio.
Precioso molino entre nogales y huertas de otros tiempos, allí estaba también el pagés portugués con sus hombros caídos y sin encontrar la razón de que su molino estuviera parado, cuasi destartalado. La señora nos regaló una bolsa llena de nueces y seguimos camino hacia el restaurante Mil Homes, a la derecha subiendo la carretera.

